domingo, 18 de abril de 2010

LAICISTAS DE "SEAMOS MAS" EN ACCION



Hernán Saavedra A.


En Seamos Más tenemos muchos motivos de orgullo, ya que estamos al pie del cañón y en primera linea de batalla, desarrollando un activismo laicista comprometido con los valores que nos son tan cercanos.
La catástrofe nos ha permitido, desde pocos días después del terremoto, hacer carne y transformar en acción los ideales que muchos hemos declarado.
Uno de los principales factores que ha permitido lo anterior es contar en nuestra organización con seres humanos de excepción, que han estado actuando incansablemente (de verdad, no sólo en las bellas palabras) en distintos frentes, desde pocos días después del 27 de febrero, en una muestra de consecuencia y compromiso con nuestro discurso: Caleta Tubul, Barrio Norte, Dichato, Coliumo, caleta Los Morros, Santa Clara, la Red Odontológica Solidaria, las familias de los alumnos más vulnerables y afectados del CEAT, la red de apoyo legal gratuito son sólo algunas de las iniciativas que han (y nos han) demostrado que sin plata ni medios pero con voluntad poderosa y convicciones profundas y arraigadas TODO se puede.
La última acción fue desarrollada entre el sábado 10 y el martes 13 de abril, derivada de la generación y articulación de una donación de 21 tons. (¡21.000 litros!) de desinfectante Kasalimpia, por la empresa local Ingerquímica.
Esta es una donación relevante, sobretodo considerando las condiciones de insalubridad existentes en los campamentos.
Con ayuda de la comunidad, fuimos en apoyo de las localidades costeras arrasadas por el maremoto: Dichato, Coliumo y la comuna de Talcahuano.
En una gigantesca muestra de voluntades mancomunadas, que unió a empresarios, trabajadores de empresas locales, transportistas, la Armada y funcionarios municipales y gracias a los incansables voluntarios del Seamos Más, esos 21.000 litros fueron distribuidos personalizadamente en más de 20 campamentos y albergues y además dejamos instalados containers fijos en la Posta de Dichato, en el campamento nª2 de Coliumo y en la Junta de Vecinos de Los Morros de Coliumo, para que los lugareños que lo necesiten se acerquen a retirar esta donación gratuita.
Parte importante de la donación se coordinó con los dirigentes del Mercado Central de Talcahuano, en reconstrucción, fuente de trabajo para más de 100 familias, donde se dejaron 8.000 litros del desinfectante para ser utilizados en la sanitización del recinto.
Me permito enviar este pequeño resumen, dado que estimo muy importante que estas actividades sean conocidas, para que sirvan como ejemplo y aliciente, pero también como reconocimiento y agradecimiento a aquellos que no tienen la cobertura mediática ni la figuración pública, muchos particulares y personas que han actuado sin articularse en ninguna organización y que han demostrado con su accionar que el espíritu de solidaridad está vivo en muchos más que los que creemos y que podemos apreciar.
En esta oportunidad, esta actividad se vió beneficiada con prensa y televisión, apareciendo en diversos medios locales y en Canal 9 regional. Quizás la nota más "vistosa" fue esta, publicada en La Cuarta:
http://www.lacuarta.cl/noticias/cronica/2010/04/63-71732-9-en-talcahuano-fumigan-hasta-al-epidemia.shtml

LOS VALORES LAICOS


Los laicos desean una sociedad donde cada uno dirija su propia vida. Ellos no tienen un jefe ni un "texto sagrado".

1) El libre examen.
El libre examen es el rechazo a todo dogmatismo y la defensa al derecho a la libertad de conciencia. Se trata de una tarea exigente, ya que examinar libremente las cosas impone cuestionarse todas las ideas recibidas.

2) La Tolerancia.
La tolerancia es una actitud de apertura y de respeto al otro. Pero ello no significa que debe admitirse cualquier idea. El odio y el desprecio, por ejemplo, deben ser combatidos. No cabe aquí la tolerancia.

3) La Ciudadanía.
Los laicos, como individuos autónomos y responsables, deben lógicamente participar en la vida social y política de sus comunidades.

4) El Respeto de la Diversidad.
La diversidad debe respetarse, bajo la condición de que no se lesionen los derechos de las personas ni sus particulares diferencias, enriqueciendo así la vida en común.

5) La Solidaridad.
En una sociedad solidaria, donde cada uno es responsable, es susceptible el desarrollo de todos.

6) La Democracia.
Para ser democrática una sociedad debe respetar los valores laicos de autonomía individual y de igualdad de derechos. El respeto, entonces, a los derechos humanos y la libertad de pensamiento es esencial.

7) Las Actitudes Laicas.
Los valores laicos deben traducirse en acciones concretas. El laico combate toda censura y discriminación:
Pero, el respeto a las personas no impone necesariamente el respeto a sus ideas.

8) Los Derechos Humanos.
Los derechos humanos y el laicismo están ligados. Afirman, entre otras cosas, el derecho de resistirse a la dictadura, el derecho a la libertad de conciencia y de expresión. La conquista de los derechos humanos ha sido progresiva y aún no termina.

9) El Humanismo.
El humanismo, que es la esencia del laicismo, tiene por objeto el desarrollo del hombre. Garantiza el derecho a la diferencia y a la coexistencia pacífica entre los hombres, ya que defiende los derechos fundamentales de cada ser humano. El humanismo se opone entonces a la actitud, a veces violenta, de aquellos que afirman ser poseedores de la verdad.

viernes, 9 de abril de 2010

RECONSTRUIR O CONSTRUIR MÁS PODER.


Sebastián Jans


La gran tarea de reconstruir Chile, luego del desastre provocado por el terremoto y tsunami del 27 de febrero pasado (TT27F), plantea desafíos que pasan necesariamente por la concepción de país que las autoridades políticas y los distintos sectores nacionales tienen que dimensionar, en el contexto de la confluencia de los distintos sectores del país representados en el Congreso Nacional.
Una de las invocaciones de la autoridad de gobierno, ha sido llamar a la unidad nacional para enfrentar la reconstrucción de las regiones devastadas por el TT27F. Los partidos de oposición han prometido la máxima colaboración con ese fin. La ciudadanía vería con particular interés el que haya efectivamente un acuerdo de las distintas fuerzas políticas, entre gobierno y oposición, para confluir hacia una idea de reconstrucción, en la medida que ella exprese el interés objetivo del país.
Sin embargo, el interés objetivo del país no significa el interés sectorial, sea político, empresarial o de determinados grupos de interés. El interés del país se expresa en la confluencia de las distintas visiones, de las distintas miradas que observan e interpretan la idea de comunidad nacional. Reconstruir las regiones afectadas no pasa por la mirada unilateral sino por la comprensión que en esas zonas hay una diversidad de afectados y de expresiones vivas de la comunidad, que deben tener protagonismo en el proceso de reconstrucción material y espiritual.
Señalo este criterio a partir de que ha trascendido que, a nivel del Ministerio de Hacienda, se está estudiando una reforma a las normas de donaciones y que busca “perfeccionar la Ley 16.282”. La reforma pretende canalizar las donaciones de empresas hacia proyectos específicos de carácter privado o a un Fondo de Reconstrucción Nacional, montos que permitirían posteriormente exenciones tributarias.
La experiencia que muestran las actuales leyes de donaciones señala que estas han sido extraordinariamente beneficiosas para robustecer proyectos de clara unilateralidad y predominio de una absoluta unidireccionalidad, cuando no para estimular el éxito de la industria de la beneficencia, claramente identificable en el plano del horizonte ideológico de nuestro país.
Al estudiar la eventual reforma por parte del Ministerio de Hacienda, se ha optado por la consejería de la Comunidad de Organizaciones Solidarias, que agrupa a lo más específico de la industria de la beneficencia, y que controlan la más pingüe tajada de la donaciones nacionales e internacionales, y que se apresta al manejo de los millones de dólares que la reforma provocaría, en tanto se plantee orientada a proyectos específicos de naturaleza privada. Dentro de esa Comunidad hay dos o tres organizaciones que escapan a un mismo molde y a una misma hechura, y que presentan una comprensión distinta de esta suerte de institucionalidad benefactora, que maneja ingentes recursos. Los demás responden a una misma perspectiva del hacer industria benéfica y de canalización de recursos.
Tal orientación de la reforma permitiría un uso discrecional de los recursos, lejos de todo control de las instancias que garantizan que los esfuerzos de carácter nacional, tengan efectivamente una naturaleza y un propósito nacional.
Hoy, las contribuciones de empresas a proyectos privados, vía las leyes de donaciones con extensiones tributarias, son una caja negra que ha favorecido proyectos específicos de predominios de clara identificación corporativa, a cuesta de descuentos que habrían tenido fines más de auténtico carácter nacional, si se hubiesen canalizado como impuestos a través del Estado.
Tras el propósito de la reforma en acelerado estudio, se manifiesta la misma pretensión de favorecer la canalización de los recursos para la reconstrucción a proyectos privados, renunciando el Estado ha desarrollar un proyecto efectivamente nacional e integrador. Esos proyectos privados terminan por favorecer a las mismas orientaciones, las mismas organizaciones, los mismos intereses, los mismos propósitos, que construyen la visión unilateral que domina el escenario nacional a partir de un concepto de exclusión. Una experiencia latente es lo ocurrido con la ley 18681, específicamente en sus artículos 69 y 70, y los porcentajes de los montos donados que han beneficiado ampliamente algunos proyectos de predominio específicos, y no precisamente al sistema de educación superior como se aventuró al generar la norma legal.
Es de esperar que la oposición tenga la virtud de pensar el proyecto de reconstrucción sobre la base de la diversidad de Chile, y que su pensamiento esté en las capacidades comunitarias y en el rol irremplazable que tiene el Estado, de proveer los medios que los distintos sectores de las regiones afectadas requieren para volver a la normalidad. Las exenciones de impuestos deben favorecer a quienes aporten a un Fondo de Reconstrucción manejado por el Estado y que esté sometido a la fiscalización del Congreso, para que tenga la virtud de beneficiar a la diversidad nacional en todas sus expresiones.
No debe ocurrir que los recursos que dejaría de recibir el Estado, terminen favoreciendo políticas de predominio particulares. No debe ocurrir que cualquier empresa haga su propio proyectito para reducir sus impuestos como ha ocurrido con las leyes de donaciones existentes.
Tampoco debe ocurrir que a partir de una supuesta buena intención, determinadas instituciones, corporaciones o grupos, terminen incrementando su poder e influencia sobre las comunidades locales afectadas por el TT27F, a partir de la renuncia del Estado a percibir impuestos.
Reconstruir es distinto a construir más poder.

El desastre como excusa de personalismos y de malas políticas



Francisco Córdova

Estando completamente de acuerdo que la burocracia ideológica y de papeleo no puede predominar en una situación como la que estamos viviendo en la región del Bio Bío y también en la vecina del Maule, sí debe existir un mínimo diálogo entre los diferentes sectores políticos y de la sociedad que permita mayores opciones del cómo, cuándo y dónde intervenir en la reconstrucción material, económica y social de esta zona.
No podemos darnos el lujo de perder la oportunidad que nos abre esta desgracia en la que todos los sectores de la sociedad (empresarios, trabajadores, gobierno y ONGs) puedan ser actores concretos de la refundación de nuestra región. Hablo de refundación y no de reconstrucción, porque no sólo debemos volver a tener la situación de antes, si no una radicalmente mejor, propia de la región y de una vez por todas descentralizada.
Como nunca antes, la participación ciudadana ha tenido un rol fundamental en la conformación de canales de ayuda y de respuesta a las necesidades de las zonas más devastadas, en muchos lugares la asistencia de urgencia de organizaciones de base llegó mucho antes que la respuesta del pasado gobierno e incluso que del actual. Este tejido social casi novedoso para la evidente atomización social que genera el estilo de vida actual, es un bien que debe conservarse como una garantía de que la responsabilidad de levantar al Bio Bío es y será tarea de todos.
Lamentablemente en los últimos días han salido a la luz pública algunas luces de que el trabajo de pensar y diseñar los mecanismos de reconstrucción es propiedad única de la Intendenta de la región. La siquiatra Jacqueline van Rysselverghe ha manifestado públicamente que las instrucciones del actual presidente son para ella un asunto personal. Estas quejas de falta de integración socio-política, no sólo emanan de voces de oposición o de organizaciones de base como Un Techo Para Chile, si no también de diputados de su propia coalición, lo que es políticamente preocupante.
No quiero dejar de lado el mencionar que existe un escudo mediático fabricado por los poderes actuales de enarbolar un discurso nacionalista en contra de quines cuestionan algunas medidas de las autoridades, acusándolos casi de antipatriotas por no querer “ayudar en levantar nuevamente la región” y el “entramparse en la cosa pequeña”. Utilizar el desastre como una vía para decisiones políticas poco elegantes es un recurso del cual ya se ha abusado lo suficiente. Esto conjugado con el personalismo de las decisiones genera medidas de una lógica que no responde a la de un Estado participativo (el cual nunca hemos tenido), si no más bien parecen órdenes de un patrón de fundo a sus futres cercanos y peones.
Esperemos a que esta situación sea sólo momentánea y responda a la euforia de las ganas de hacer y demostrar, para luego pasar escenarios más regionalistas, integradores y participativos que nos permitan no sólo reconstruir nuestra región si no también refundarla a imagen y semejanza de una sociedad consensuada y no impuesta.

lunes, 5 de abril de 2010

Retomar la cultura del trabajo. Una urgencia en latencia.


Francisco Córdova Echeverria





Luego de recorrer varias comunas devastadas por el terremoto y tsunami del pasado 27 de febrero, y de liderar el mayor operativo dental voluntario en la historia de nuestro país (no recuerdo otro de tal magnitud) he podido palpar no sólo las necesidades inmediatas de la población, si no preocupaciones populares de mediano plazo que comienzan a aflorar a medida que la situación se regulariza.

Hay abastecimiento constante y seguro de comida y agua (en estanques al menos) en el 90% de los sectores. Las condiciones de vida siguen siendo básicas pero ya no son de riesgo vital, sí es preocupante el tema sanitario, el invierno que se viene y la lentitud del inicio del año escolar.
Pero no he escuchado sobre la sustentabilidad económica de estas comunas a largo plazo, el mar se llevó fuentes laborales que no se podrán recuperar fácilmente. Tomemos como ejemplo la emblemática localidad pesquera-gastronómica de Dichato, que se encuentra a unos 30 kilómetros al norte de la ciudad de Concepción, balneario de la clase media y polo gastronómico durante todo el año. En esa zona contaban algunos habitantes que hace años que desapareció la pesca y que su actividad marítima era la recolección de mariscos y otras especies. Ahora no hay botes para salir a mariscar, no hay restoranes dónde ir a comer, no hay cabañas para turistas, ¿De qué va a vivir la gente Dichatina?

En el fondo del mar, dicen los habitantes hay otra ciudad sumergida, son las casas y automóviles que se llevó el mar, "nadie se quiere meter allá abajo" me comentaba una señora del campamento "Villa Fresia", "no tenemos trabajo y es lo que sabemos hacer".

Esperemos que las nuevas autoridades de gobierno junto con el alcalde de Tomé tomen cartas en el asunto, dado que el asistencialismo de emergencia puede ocasionar un daño mucho más profundo a largo plazo, que es la pérdida de la cultura del trabajo. Si no somos capaces de levantar lo antes posible las actividades económicas de la zona y regenerar la cadena virtuosa nos veremos envuelto en un lastre de crecimiento social, de inequidad, de inseguridad, de delincuencia y otros vicios más que se generan cuando una localidad pierde su hábito de ganarse el pan cada día.

Cuidado también hay que tener con las famosas "reconversiones laborales" que pésimo resultado han tenido en las políticas de los gobiernos de la Concertación, como es el caso de la ciudad de Lota y el cierre de las minas de carbón. Coronel y Lota fueron luces de desarrollo a los inicios del siglo XX, pero como todo pueblo mono productor desarrolló una cultura que gira en torno a su única fuente laboral y cambiar eso de un día para otro es un desastre social.

Pensando en el cómo revertir esto, se me ocurren algunas ideas; contratar a los mismos pobladores para reconstruir la ciudad, planificar un diseño de urbanismo que permita recuperar lo antes posible el patrimonio cultural gastronómico de la zona, desarrollar un trabajo en conjunto entre la armada, municipio y habitantes para limpiar la playa recuperando con esto el turismo (que tarde o temprano volverá) y la capacidad de mariscar con botes y motores subsidiados por el Estado (costo promedio total $3.000.000).

Devolver la cultura del trabajo a una localidad que ha visto como su vida quedó en el suelo es una tarea que debe ser liderada por las autoridades regionales, pensando no sólo en lo inmediato sino también con una visión a largo plazo que tantas veces nos hace falta.

sábado, 13 de marzo de 2010

LA INDUSTRIA DE LA BENEFICENCIA.





Sebastián Jans

Hace algunas semanas, estando de paso en Villarrica, me sorprendió gratamente que la cajera del supermercado local me consultara, al momento en que pagaba mi compra, si donaba la fracción de monedas de 1 peso del vuelto al Cuerpo de Bomberos. Ello me motivó a ser más generoso, tal vez por mi impulso habitual de contribuir en las plazas de peajes, cuando hay bomberos recogiendo contribuciones, o como extensión del compromiso mensual con el recolector de los bomberos de la comuna, que pasa con puntualidad a retirar una cuota acordada con ellos.
A propósito de esto último, hace unos días llegó una carta de la compañía de bomberos, señalando en que se habían gastado las contribuciones recibidas el año anterior. Leyendo la carta informativa, no pude dejar de reflexionar de lo notable que resulta la tradición bomberil chilena, fundada en la más alta y pura beneficencia, aquella que se sostiene en la básica premisa de hacer el bien, sin mirar a quien, y sin esperar nada a cambio. Porque no me cabe duda que, de todas las instituciones, orientadas a. bien de los demás en Chile, los bomberos son los únicos que no reciben una retribución económica personal por su constante accionar en beneficio – el sentido de la más pura beneficencia – de los demás.
Cuando se mira hacia el contexto de las instituciones de la beneficencia en Chile, quedan muy pocas que realmente puedan ser consideradas como tal, en sentido de ser organismos pensados en canalizar el interés público desde una perspectiva altruista. Lo que prima es la industria de la beneficencia, donde un conjunto de organizaciones se disputan lo que parece ser un creciente mercado, que mueve millones de dólares, y que reporta enormes beneficios antes que a los destinatarios a quienes son parte de su estructura propietaria, administrativa y organizacional.
Algunos estudios preliminares dan la pauta para establecer que de cada 10 pesos que se donan en Chile a organizaciones de beneficencia, solo 5 se destinan objetivamente a lo que se pretende como el objeto institucional. En algunos casos llegan a 4 pesos. Es decir, entre un 50 y un 60% de las donaciones terminan siendo un beneficio directo de quienes administran las contribuciones, por la vía de compra de bienes raíces, financiando personal profesionalizado, gastos publicitarios y gastos operacionales.
Aprovechando las posibilidades de la legislación, incluso se crean organizaciones de beneficencia para recibir los aportes de las empresas, las que terminan orientando específicamente esas contribuciones de acuerdo a sus afinidades ideológicas y sociales. El beneficio termina siendo mutuo, tanto para la empresa como para los gerentes de la industria de la beneficencia, por varios aspectos.
Hay rostros de la industria de la beneficencia que son recurrentes en nuestra realidad nacional y pontifican a través de los medios de comunicación sobre la necesidad de “trabajar por los más pobres”, por “los que nada tienen”, en circunstancias que por la gerenciación de esas organizaciones tienen sueldos competitivos con cualquier empresa del mercado y manejan una cuantiosa planilla de funcionarios y profesionales, reclutados entre sus afines. Bajo píos nombres o apelaciones emocionales, hablan con voz trémula sobre el valor de dar a los demás, conduciendo agresivos todo-terreno por las calles y carreteras y vinculándose a todas las estructuras de poder. Hay casos de gerentes que pasan de una empresa de mercado a una empresa de beneficencia, por condiciones remunerativas más favorables. También están aquellos que hacen una carrera en las instituciones de beneficencia, para luego acceder a otras gerencias corporativas más elevadas.
Se construyen socialmente mitos sobre personalidades que se suponen consagradas al bien común, en circunstancias que se han volcado a promover la industrialización de la generosidad de los demás, son campeones en el manejo de las argucias legales, son profesionales en el ámbito relacional del poder, y tienen un expedito manejo de las fuentes de los recursos permanentes, con los cuales sostienen y acrecientan las organizaciones que dirigen.
La socorrida y efectista frase de “trabajar por los más pobres, por los más necesitados”, nada tiene que ver con el fin último de tales organizaciones, aún cuando la percepción pública es estimulada permanentemente al lugar común de la validación de ellas como instituciones que realizan una obra de amplio beneficio humanitario.
Sin embargo, tales organizaciones día a día crecen en sus propiedades y en sus plantas de funcionarios, sus gerentes se prestigian y se validan profesionalmente, y aquellas que no crecen tienen la particularidad de ser como los “agujeros negros” del espacio estelar, que succionan todo lo que aproxima, y no se sabe a donde va a parar todo. ¿Quién conoce de sus balances financieros, de sus pérdidas, de sus gastos?
Hace muchos años era común que las instituciones de beneficencia elaboraran una memoria y balance anual. Muchas de esas memorias y balances se encuentran en la Biblioteca Nacional. He tomado cinco de las más publicitadas y mediáticas organizaciones actuales de la industria de la beneficencia y no he encontrado sus memorias o balances. Alguna se ha destacado por hacer “un balance social”, pero sería más transparente que se publique el contable.
La cultura de la industria de la beneficencia tiene sus mitos y sus leyendas. Estos son absorbidos y validados por las estructuras del poder nacional. Hay personalidades validadas como los alter ego o los gurús, y son consultadas para toda decisión o toda acción de solidaridad y conducción de la generosidad pública. Muchos son exaltados a los altares de la bondad nacional, y a la solemnidad de los tributos. Algunos se transforman en consejeros o confesores de cabecera. Otros son convocados a comandos electorales para dar garantizar una imagen de preocupación o dedicación social. Algunos tienen la mágica condición ubicua de aparecer en los más diversos lugares, eventos o circunstancias, con una transversalidad digna de un futbolista exitoso o de un superventas cantante pop.
Las recurrencias sociales, políticas y económicas de estos “benefactores”, dan pábulo a que se favorezca progresivamente la profesionalización, la industrialización y la instrumentalización de una actividad que hace rato ha degenerado los sinceros impulsos del corazón de las personas y su expresión de altruismo.
Por ello, cuando alguna cajera de supermercado me consulta si quiero donar un desayuno o un vaso de leche, le sonrío y cortésmente le digo que no. La buena fe no merece otra actitud que la cortesía. Por lo demás, no habría tiempo para explicarle los fundamentos que justifican ese no y por que prefiero y recomiendo contribuir a la única institución de voluntarios que presta un servicio decente al bien común: los bomberos.

domingo, 21 de febrero de 2010

Los ajustes post elecciones.





Francisco Córdova Echeverria


Extraño no va ser en los próximos meses, en que observemos situaciones de camaleonismo político justo antes, durante y de seguro después del Gobierno de Sebastián Piñera. Esto no va a ser novedoso para quienes comprendemos que la similitud de ambas coaliciones de poder es mayor a la que nos desean mostrar, y será fácil para muchos y en especial paras los Demócratas Cristianos dar un paso a la vereda del frente para sacar su tajada de poder.
Como todo es ideológico en política, aunque nos quieran los tecnócratas convencer que no, las cosas de 1988 al 2010 no se han modificado en lo sustancial, porque el sistema de sociedad y su modelo de vida se mantiene intacto desde su planificación con "El ladrillo" de los Chicago Boys y su puesta en marcha con la impuesta Constitución de 1980, neoliberales de elite que hoy vuelven en gloria y majestad a sobar los pomos del poder.
Quiero dejar en claro que lo que se dice acá, no es una protesta contra el mercado y los comerciantes que generan riquezas, mi alegato es por la maquinación de un diseño de sociedad que sólo apunta a enriquecer a los sistemas financieros y a los grandes conglomerados económicos de orden internacional. El pueblo embrutecido y convencido de que lo que vivimos es mejor que hace 100 años sin cuestionarse lo más mínimo su realidad, es producto de la pérdida de los ideales colectivos, de la destrucción de nuestra educación pública, del control de los medios de prensa, del ofertón de acceso al crédito para nuestras clases aspiracionales y del hipnotismo superficial y vacío de la televisión abierta. TODO UN ÉXITO.
Por eso no es de extrañar que ahora nadie se cuestione el trasfondo de una campaña presidencial, ni el actuar ético moral histórico del candidato, acá alguien que se enriqueció con el modelo a diestra y siniestra puede decir sin problemas que ha dedicado su vida al servicio público siendo que es incompatible conceptualmente y filosóficamente una cosa con la otra. Es más, muchas personas consideran que ser buenos en los negocios garantiza una buena forma de gobernar, asimilando desde esa perspectiva que sólo el ítem económico asegura la felicidad y el desarrollo de un pueblo, ¿Qué más vacío?
Cuando la Concertación asume el poder en 1990 hasta la fecha no se han tocado, ni siquiera discutido de cara al país las bases de sociedad establecida bajo un gobierno dictatorial ¿Por qué? La respuesta nuevamente es ideológica y social, los poderes políticos, económicos e incluso morales han sido históricamente administrados por un grupo reducido de familias, lo que se denomina una oligarquía, personas que gracias a las dificultades que establece la Constitución para ser derrocados en el poder (Sistema Binominal por ejemplo), las amplias atribuciones presidenciales de nuestro modelo político y por último las amplias posibilidades de negociados que permite tal situación, fueron un traje a la medida para los nuevos administradores o concesionarios del modelo neoliberal y ante esto, pocas ganas tienen o tenían de modificar algo que desde su origen no tiene validez democrática.
Como la ambición y repartija es intensa y el pueblo ciego e ignorante por diseño, muchos de los que participan del stablishment se dan el gusto de negar lo innegable y de declararse como servidores públicos sin descaros. El que algunos sientan que cambiarse de administración gubernamental tiene escasos costos políticos, un bajo conflicto ideológico y un aseguramiento de que más que mal todo el mundo olvidará lo ocurrido, ratificará (o ratifica) que en nuestro mundo político no existe una línea bien clara entre algunos grupos de la desestructurada Concertación y el grupo de derecha neoliberal que hoy tiene las riendas del destino del país y que puede hacer usufructo de lo que construyeron en los años 80.