Disponible en www.iniciativalaicista.cl
domingo, 8 de junio de 2014
Revista Iniciativa Laicista Nro. 13
Disponible en www.iniciativalaicista.cl
sábado, 25 de enero de 2014
Preparando la Asamblea de Organizaciones por el Libre Pensamiento
El pasado 21 de enero se produjo un estimulante hecho para el laicismo
en Chile. Un total inicial de 16 organizaciones librepensadoras de Chile, se
reunieron en las dependencias de la Corporación para la Ilustración, el
Laicismo y la Razón (ILAYRA), para construir el acuerdo de articularse en torno
a una coordinadora que los agrupe a todos.
Las organizaciones que participaron, en esta reunión inicial, fueron: la
Asociación Internacional del Libre Pensamiento, a través de su vocero para América
Latina, Antonio Vergara Lira; la Fundación Sociedad Atea de Chile, la
Asociación de Escépticos de Chile, la Corporación para la Ilustración, el
Laicismo y la Razón (ILAYRA), el Centro de Estudios Laicos, la Corporación
Fraternidad, la Gran Logia Mixta de Chile, la Gran Logia Femenina de Chile, la
Fraternidad Juvenil Alfa Pi Épsilon, el Centro Cultural Pitágoras, el Centro
Cultural Valentín Letelier, el Centro de Estudios y Acción Laica (CEYAL),
el grupo laico de la Universidad de Chile, la revista digital Iniciativa
Laicista, la Revista Francmasón.com, y la revista digital Archivo Masónico.
El objetivo principal es generar la unidad de muchos movimientos y colectivos
que abogan por temas comunes como el laicismo, el Estado Laico, la Educación
Laica, la igualdad de derechos civiles, terminar con la intromisión política de
la religión en temas de Estado y tener una voz potente para defender estos
temas en todos los estamentos institucionales de la República.
La reunión concordó en que los movimientos sociales han demostrado que
las ideas planteadas en forma concreta y coordinada son escuchadas por el resto
de la sociedad y por los grupos de poder. En este sentido, la coordinadora
planteó un desafío estratégico para el próximo momento político y republicano
en el que las organizaciones librepensadoras deberán cumplir un rol fundamental
en los cambios profundos que Chile necesita.
La convocatoria a las organizaciones deberá estar lista en los primeros días de enero, y será dirigida a todas las instituciones del país, que compartan los objetivos y la identidad laicista, libre pensadora y por los derechos de conciencia.
La convocatoria a las organizaciones deberá estar lista en los primeros días de enero, y será dirigida a todas las instituciones del país, que compartan los objetivos y la identidad laicista, libre pensadora y por los derechos de conciencia.
domingo, 22 de diciembre de 2013
Edicion especial de revista Iniciativa Laicista
Con motivo de la celebración del 65 aniversario de la Declaración Universal de los Derechos Humanos, la revista Iniciativa Laicista publicó un número especial, en circulación desde el 10 de diciembre de 2013, a través del despacho a sus suscriptores vía correo electrónico.
De la misma forma, puede accederse a la edición a través del link www.iniciativalaicista.cl .
Centro de Estudios Laicos
El Centro de
Estudios Laicos, de Concepción, ha estado realizando diversas actividades de
importancia en la difusión de las ideas laicistas. En diciembre ha organizado
un interesante foro panel en la casa de estudios superiores que lleva el nombre
de la ciudad, con el título “Sociedad, Ética y Rol de la Universidad”.
El panel estuvo integrado por Sebastián Jans,
Nicolás Barría – joven académico e integrante de SUR (Sociedad Universitaria de
Resistencia) -, y el candidato a rector de la Universidad de Concepción, Carlos
Saavedra
En el
encuentro se analizó la crisis del modelo de universidad en Chile y el aporte
ético que, necesariamente, debe hacer este tipo de instituciones en la sociedad
de la que forma parte. De la misma forma, se planteó la contradicción existente
entre dos concepciones antagónicas en el sistema educacional: bien económico o
derecho social.
Al día
siguiente, sábado 14 de diciembre en el Colegio Concepción San Pedro se
desarrolló con éxito el segundo encuentro de organizaciones laicas, con la presencia de miembros de la Fraternidad Juvenil Alfa Pi Épsilon, del
Grupo Utopía, del Grupo Allen, de la Gran Logia de Chile, del Gran Oriente Latinoamericano y de la Gran
Logia Mixta de Chile.
La
jornada comenzó con la iexposición del profesor Claudio Zaror,
docente de la Universidad de Concepción, quien a través de datos sobre el
estado actual de la ecología y la economía en Chile y el mundo hizo un enfático
llamado a modificar nuestro actual patrón de consumo para dar paso a una nueva
forma de relacionarnos entre seres humanos y con nuestro entorno.
Posteriormente
fue el turno de Sebastián Jans y Pablo Arce, quienes realizaron un diagnóstico
de la realidad de las organizaciones laicas en el Chile de hoy. Las
conclusiones apuntaron a la necesidad de apertura y unidad que debe ocurrir al
interior del mundo laico para poder así tener una llegada más significativa en
la sociedad civil.
Estado laico
Gabriel Guzmán Riquelme
Carta al Director. Diario La Tercera. 26 noviembre 2013.
No puedo estar más en desacuerdo con los dichos
de la candidata Evelyn Matthei sobre el laicismo. Estos planteamientos
demuestran una profunda ignorancia sobre el término y la razón para que el
Estado sea constitucionalmente codificado como laico.
Hay algo que claramente no constituye laicismo:
ser antirreligioso. El laicismo reclama el derecho a la libertad espiritual y
el derecho a discrepar, siendo obligación del Estado garantizar este principio.
Así, no se privilegia ninguna religión o pensamiento espiritual en recursos,
influencia o símbolos rituales, en desmedro de los demás.
El mejor favor que pueden recibir, por ejemplo,
los evangélicos, es avanzar hacia un Estado laico que asegure el mismo derecho
a todos los credos de difundir su doctrina, respetando lógicamente la debida
separación Estado-Iglesia.
Consagrar el Estado laico en la Constitución es
fundamental, no solamente para temas de índole administrativo o formal, sino
también para respetar el derecho a la espiritualidad y sobre todo, el derecho a
la otorgación de una educación pública laica. Esto implica no sólo abordar el
tema de la educación espiritual en los colegios públicos, sino también su
enfoque, el cual, a nuestro parecer, debe avanzar más hacia el aprendizaje
significativo y la formación de la ciudadanía.
65 aniversario de la Declaración Universal de los Derechos Humanos
Gonzalo Herrera
Hace sesenta y cinco años, el 10 de diciembre de
1948, la Asamblea General de las
Naciones Unidas reunida en París
aprobó la Declaración Universal
de los Derechos Humanos (DU-DDHH). La comunidad internacional, aún conmocionada por los casi
60 millones de víctimas y por la indescriptible afrenta
a la dignidad humana perpetrada durante la Segunda Guerra Mundial, se
comprometió a impedir que hechos tan horrorosos pudieran repetirse en el
futuro.
Nacida como un «ideal común», desprovista de
ejecutoriedad legal, es reconocida hoy como la «Carta Magna de la Humanidad»,
revestida de una autoridad no discutida e invocada por más de sesenta
instrumentos internacionales, que conforman un amplio sistema de tratados de
obligatoriedad jurídica para la defensa y promoción de los derechos humanos en
todo el mundo.
La Declaración Universal de Derechos Humanos ha ejercido una
trascendental influencia no sólo en el desarrollo del derecho internacional,
sino en el ámbito interno de los Estados. Numerosas Constituciones de países
promulgadas con posterioridad a 1948 han proclamado también la intangibilidad
de la dignidad del ser humano, y reconocido que la dignidad de la persona «es
el fundamento del orden político y de la paz social».
Porque la igualdad de los seres
humanos proviene del reconocimiento de que todos compartimos la misma dignidad
y la aceptación de que la dignidad humana no se reduce a la lucha contra la
exclusión, contra la discriminación o, como ocurriera en el pasado reciente en
Chile, contra el terrorismo de Estado y la tortura, sino que involucra otros
derechos, como son el derecho a la educación, el derecho a la salud, el derecho
a una vivienda digna, entre muchos otros.
La protección de la dignidad
intrínseca de la persona humana y el reconocimiento de que los derechos humanos
son comunes a todos, nos hablan también de la universalidad y la
indivisibilidad de estos derechos. La universalidad proviene de su
significación axiológica, de su ética normativa, aun considerando la pluralidad
del mundo y las diferencias culturales de los pueblos.
La indivisibilidad constituye un
rechazo a la pretensión de jerarquizarlos con el fin de privilegiar algunos en
desmedro de otros, en conformidad a intereses sectoriales de gobernantes,
regímenes de facto o de ideologías temporales o espirituales. El principio de
indivisibilidad de los derechos de la persona — derechos civiles y políticos,
sociales, económicos y culturales, derechos medioambientales y derecho a un
desarrollo humano sostenible — les hace ser también interdependientes, es decir,
la denegación de algunos afecta indefectiblemente el respeto a los otros.
Tan
indivisible como los anteriores, el derecho a la libertad de opinión y
expresión adquiere una relevancia propia, por cuanto es esencial para el
ejercicio y protección de los
demás. Aun cuando no constituya un derecho absoluto — el derecho internacional comprende restricciones bajo condiciones
excepcionales —, como el de no ser sometido a tratos crueles y degradantes o a
ejecución sumaria, al limitarse la libertad de expresión se está coartando el
derecho ciudadano a participar en el debate público, a expresar puntos de vista
divergentes a los del gobernante o de la ideología dominante.
Hoy
que el mundo se ve enfrentado a un proceso de globalización impulsado por una
concepción neoliberal, que menoscaba la soberanía del Estado-nación, en que si
bien es cierto se respetan formalmente los derechos civiles y políticos, se
postergan a veces dramáticamente los derechos sociales y económicos, la
libertad de palabra y de expresión a través de los medios de comunicación son
esenciales para el fortalecimiento de las democracias.
El
artículo 18 de la DU-DDHH se refiere a la libertad de pensamiento, de
conciencia y de religión. El uso del singular en la frase “toda persona tiene
derecho a la libertad de pensamiento, de conciencia y de religión”, indica que
se trata de un solo concepto de libertad, de una sola y misma libertad, que
establece en primer lugar la separación del ámbito secular del religioso, y que se explicita en tres aspectos
fundamentales, aquellos requeridos para otorgar a cada individuo la completa
independencia ideológica y religiosa frente a cualquier poder, sea éste
político, económico o eclesiástico.
Se trata del reconocimiento de un derecho
fundamental, por cuanto protege al individuo frente a sistemas de gobierno, autocráticos o fundamentados en una determinada
religión-, propiciando en cambio los Estados
laicos, ajenos a todo tipo de discriminación.
Sesenta
y cinco años puede ser un periodo breve en la historia de la humanidad. Sin
embargo, nuestros últimos sesenta y cinco años han constituido un avance
notable en la toma de conciencia de que todos los seres humanos, y cada uno en
particular, tenemos los mismos
derechos frente al poder. Los atributos de la dignidad de la
persona humana, se han ido imponiendo en el ethos
social de los Estados democráticos, no solo en el plano moral sino en el legal,
cualquiera sea la ideología u orientación de sus gobiernos.
De
igual modo, el compromiso creciente de los Estados con
la DU-DDHH y otros instrumentos internacionales adoptados sobre esta materia,
encarna
una revalorización ética y jurídica del ser humano, incluso más
como habitante del planeta que como simple ciudadano de un Estado.
No obstante, junto a grandes avances
en las exigencias básicas emanadas de la dignidad, la libertad y la igualdad de
las personas, los últimos sesenta y cinco años han revelado también que, no existiendo la voluntad política y una
amplia conciencia de participación por parte de la sociedad civil, el
respeto a los derechos humanos no es más
que una ilusión.
De manera que los derechos humanos
no configuran un patrimonio del cual no tengamos sino que esperar pasivamente
su respeto y satisfacción. Son y demandan una responsabilidad colectiva para
hacerlos cumplir, tanto como la del Estado soberano y la comunidad
internacional por protegerlos, respetarlos y fomentarlos. Constituyen además
una obligación personal ante cualquier ser humano que se vea trasgredido en sus
derechos fundamentales. Porque, sin duda, la dignidad está relacionada también
con la solidaridad y la fraternidad (GH).
Laicidad del Estado, espejismo papal
Carlos Leiva Villagrán
Confieso que en la frase que pronunció el Papa Bergoglio en
Brasil, reconociendo beneficios en la laicidad del Estado, me pareció
inicialmente entender un posicionamiento diferente de la Iglesia respecto al
laicismo, tal que proviniendo de la nueva máxima autoridad, podría
significar una revolucionaria novedad.
Había dicho el Papa, según la información de prensa: "“La
convivencia pacífica entre las diferentes religiones se ve beneficiada por la
laicidad del Estado que, sin asumir como propia ninguna posición confesional,
respeta y valora la presencia del factor religioso en la sociedad”.
Tras leerla, me he formulado las dos siguientes preguntas acerca
de la expresión "Laicidad del Estado":
¿Es un concepto nuevo en el lenguaje de la Iglesia? ¿Es acaso la
realización del principio de concordia de los seres humanos promovido por el
laicismo a través de la neutralidad del Estado respecto a las diferentes
opciones de conciencia particulares y de su separación de las instituciones
religiosas, agnósticas o ateas?
En respuesta a la primera pregunta, he verificado que el concepto
de "laicidad del Estado" ya había sido utilizado por Juan Pablo II,
el 12 de enero de 2004, ante los representantes diplomáticos en el
Vaticano, donde afirmaba que la laicidad del Estado era legítima,
señalando además que ella correspondía a la separación del Estado de lo
religioso, proveniente de la expresión de Cristo:"Dad al César lo que es
del César y a Dios lo que es de Dios". Es evidente, entonces, que
referirse a la laicidad del Estado, y aún elogiarla, no es una actitud nueva en
el discurso papal.
Con respecto a la segunda pregunta, resulta de toda claridad que
el concepto de laicidad del Estado, en la expresión papal, se refiere a su
aconfesionalidad, que no considera a agnósticos y ateos, en tanto que por otra
parte tiene la pretensión de validar el hecho religioso como consustancial en
la naturaleza humana, y derivar, por consiguiente, la consideración especial
que la religión reclama por ello del Estado. Ese es el significado de esta
laicidad que "valora la presencia del factor religioso en la
sociedad".
Si examinamos, por otra parte, los usos de la expresión
"laicidad del Estado" en los pronunciamientos de la Iglesia nos
puede hacer más sentido lo que está diciendo el Papa. En 2004, Juan Pablo
II señalaba: "¡La laicidad no es el laicismo!", dando a entender que
la laicidad del Estado no debía confundirse con el laicismo, intrínsecamente
incompatible, según la Iglesia, con la libertad religiosa.
Para Benedicto XVI, el concepto de "laicidad del Estado"
adquirió un atractivo especial en el contexto de su proyecto de nueva Santa
Alianza con las demás religiones para enfrentar al laicismo. La laicidad del
Estado, digamos su aconfesionalidad, significaba, para la Iglesia, la
renuncia a que el poder político formal sea ejercido por una confesión,
cuestión por lo demás prácticamente consensuada en el mundo occidental, pero
manteniendo la obligación del Estado con las religiones, consideradas
instituciones naturales. En palabras del papa Benedicto, en discurso a
los juristas católicos el 9 de diciembre de 2006: "...la "sana
laicidad" implica que el Estado no considere la religión como un simple
sentimiento individual, que se podría confinar el ámbito privado.... A la luz
de estas consideraciones, ciertamente no es expresión de laicidad, sino su
degeneración en laicismo, la hostilidad contra cualquier forma de relevancia
política y cultural de la religión". En esta línea, Benedicto acuñaría, en
conjunto con Nicolás Sarkozy, en diciembre de 2007 en San Juan de Letrán, la
expresión "laicité positive", para distinguir una laicidad
"buena", que incluye las religiones, y una laicidad
"mala" que correspondería al laicismo.
No puedo negar que, en mi desprevención, casi he mal interpretado
la frase papal, que quizás estaba cuidadosamente preparada, precisamente,
para provocar este efecto.
En todo caso, ha bastado una somera revisión de la
expresión de Bergoglio para concluir que, una vez más, se trata de un espejismo
y nada nuevo hay bajo el sol.
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