jueves, 11 de julio de 2013

PUBLICACIÓN DE LIBRO LAICISTA

En el Club de la República, en Santiago, fue presentada la edición digital del libro “Temas del Laicismo Chileno”, que reúne un conjunto de artículos y ensayos publicados en más de 20 años de difusión del pensamiento laicista chileno, por Sebastián Jans, miembro de del comité editorial de la revista digital Iniciativa Laicista. El libro incluye también dos trabajos inéditos.

Participaron en la presentación del libro el ex parlamentario y ex alcalde de Temuco, Camilo Salvo; el académico y ex Subsecretario de Salud, Patricio Silva; y el abogado y presidente de la Corporación Ilayra, Eulogio Baeza. La conducción de la ceremonia estuvo a cargo de Ricardo Véliz Piña. Dentro de los invitados, de manera destacada, se pudo constatar la presencia de destacados miembros de la Orden Masónica y la Gran Maestra de la Gran Logia Femenina de Chile.

El autor ha escrito en diversos medios nacionales, desde la desaparecida revista “Hoy” hasta el Portal web de Radio Portales, donde actualmente tiene una columna de opinión. De sus columnas publicadas en esos medios, se seleccionaron aquellos que tenían un claro perfil laicista, para dar forma a este volumen de más de 300 páginas de indudable interés para quienes reconocen una identidad laicista en la sociedad chilena.

La presentación de una edición digital de un libro, es un suceso nuevo en Chile, que tiene antecedentes en otros países, y que marca una nueva tendencia que será creciente, en la medida que la lectura digital está reemplazando de manera creciente a la lectura en papel.

De esta forma, el libro “Temas de Laicismo Chileno” se inscribe en una nueva tendencia tecnológica que está impactando de manera significativa en la cultura del siglo XXI.

Los asistentes a la presentación recibieron un díptico en que se reseñaba el libro, y donde estaban los links correspondientes para su ubicación en la biblioteca digital Scribd.

Nuestros lectores pueden acceder en forma gratuita al libro y descargarlo a su computador o tablet. El link correspondiente es:

Revista "Iniciativa Laicista"



 La revista chilena “Iniciativa Laicista”, que se reparte entre más de 12.000 lectores.
Ahora sus lectores pueden acceder directamente a sus contenidos y a cada número, en el sitio http://es.scribd.com/.

Considerada la biblioteca en línea más grande del mundo Scribd es uno de los medios de exposición de ideas y desarrollos textuales más atractivos para difundir lo que la sociedad global quiere expresar. Invitamos a los laicistas chilenos y latinoamericanos a conocer esta revista que ha llenado un vacío en las publicaciones chilenas.

Los link correspondientes son:
Número 7
Número 6
Número Especial 2
Número 5
Número 4
Número Especial 1
Número 3
Número 2
Número 1

 

lunes, 29 de octubre de 2012

Aborto en Chile: Mitos y Realidades


          
         Uno de los problemas más importantes de Salud Pública en Chile ha sido el aborto provocado y sus complicaciones. Esto se arrastra desde la Colonia. En el informe de la primera visita que hizo el médico enviado por la Corte de España, a las colonias en el Nuevo Mundo, comentaba de la Capitanía General de Chile: “Los partos en Chile no son atendidos ni siquiera por los carniceros”; y reporta una muy alta mortalidad de madres y niños. Agrega además que le llama “la atención de la cantidad de abortos provocados en especial en el sector de La Cañada”, en lo que actualmente corresponde al barrio de Independencia y Recoleta de Santiago, al otro lado del río Mapocho.
La conducta abortiva de la población chilena es cultural y no tiene raíces claras. Los colonos españoles tenían conceptos religiosos católicos y las conductas de los autóctonos del norte, centro y sur de Chile no son abortivas. La migración europea no hispana, que se inicia en los inicios de la república con la colonización alemana en las tierras del sur, fue más bien natalista. No se detectan otras influencias que expliquen este fenómeno.
¿Cuál es el impacto del aborto? Esta simple pregunta genera una serie de posiciones encontradas en las cuales se mezclan los mitos, las falsas creencias y las expresiones de ideológicas y morales de las más variadas posiciones religiosas. Esto último ocurre especialmente en países donde el tema se ha negado para su discusión y donde la tradición de los derechos humanos tiene antecedentes de haber sido conculcados.
Basta que esta pregunta sea por razones directas, como ocurre con la discusión de la interrupción de los embarazos por causas de salud de la mujer, o por inviabilidad fetal, por malformaciones embriológicas o genéticas severas o malformaciones que condicionan una viabilidad muy limitada después del nacimiento. Puede ser por razones indirectas como ocurre la discusión de la licitud de fármacos anticonceptivos que previenen el embarazo, pero que para muchos son abortivos, como ocurre con la anticoncepción hormonal de emergencia o Píldoras Anticonceptivas de Emergencia (PAE),  a pesar de todas las evidencias científicas existentes de su acción farmacológica  previa a la fecundación. Esta última experiencia ha ocurrido en Chile en los últimos 10 años, desde el 2000.
Por otra parte, se argumenta que efecto sobre la mortalidad materna por aborto se controla con buenos sistemas de atención, como ocurre en Chile, y que por lo tanto ya deja de ser un problema importante, o bien que los egresos hospitalarios por complicaciones del aborto se mantienen en una proporción estable sin aumentar notoriamente y, por lo tanto, es posible de absorber por el sistema de Salud sin grandes conflictos y deja de ser un problema de Salud Pública.
Dado que el tema es muy desconocido y se mezclan conceptos, es indispensable que toda la población sea informada adecuadamente con objetividad y con respeto a sus creencias o prácticas religiosas, y ampliar la respuesta respecto al impacto del aborto y ampliar la visión del problema. El objetivo de la publicación se explica así como una necesidad satisfecha.
Los aspectos aquí sintetizados, se expresan extensamente en el número especial de Revista "Iniciativa Laicista", dedicado exclusivamente al informe "Aborto en Chile. Mitos y Realidades" del profesor Ramiro Molina, realizado especialmente para esta publicación:
El autor es Médico Cirujano, titulo obtenido en la Universidad de Chile en 1965. Es especialista en Ginecología y Obstetricia, Ginecología Pediátrica y de la Adolescencia y Master in Public Health, con especialidad en Dinámica de Población en la Universidad de John Hopkins.
Se ha desempeñado internacionalmente como Director del Programa Regional de la OIT en Seguridad Social y Salud materno Infantil para Latinoamérica y el Caribe, asesorando a casi todos los países de la Región, con sede en San José de Costa Rica (1973-1976). Asesor temporal de la OPS /OMS, FNUAP y UNICEF. Miembro extranjero del Directorio del Instituto Alan Guttmacher de EE.UU. (1997-2002), Presidente de la Asociación Latinoamericana de Ginecología Infantil y de la Adolescencia (1993). Director del Examen Internacional de Ginecología Infantil y de la Adolescencia IFEPAG de la Federación Internacional de Ginecología Pediátrica y de la Adolescencia (FIGIJ), ejerciendo la presidencia en el periodo 2007-2010.

lunes, 15 de octubre de 2012

La Iglesia, el infierno y la diversidad sexual


Por Antonio Jesús Aguiló
Investigador de la Universidad de Coímbra (Portugal).


Hace años, durante la audiencia general del 28 de julio de 1999, Juan Pablo II, por entonces máxima autoridad de la Iglesia católica, afirmó públicamente que el sheol [1] que se menciona en el Antiguo Testamento no era, teológicamente hablando, un lugar físico o material con una ubicación geoespacial concreta (las entrañas de la tierra), sino una condición espiritual particular del ser humano: “La situación en que se sitúa definitivamente quien rechaza la misericordia del Padre incluso en el último instante de su vida[2].
Con estas declaraciones, que descartaban la escatología medieval del infierno como un lugar lleno de fuego y poblado de almas ardiendo en un escenario de sufrimiento y desesperación, tal y como aparece emblemáticamente representado en la Divina Comedia de Dante, Juan Pablo II dio un giro significativo a la concepción clásica del catolicismo sobre el infierno.
Aquella labor de ajuste teológico y dogmático del más allá no conectaba, sin embargo, con la sensibilidad de todos los miembros de la jerarquía católica. Contradiciendo a su predecesor, en marzo de 2007, durante una misa oficiada en la parroquia romana de Santa Felicidad e Hijos, Mártires, Benedicto XVI resucitó el planteamiento amenazante del infierno al declarar solemnemente que en la actualidad muchas personas se han olvidado de que si no “admiten la culpa y la promesa de no volver a pecar”  corren el riesgo de sufrir una “condena eterna, el Infierno”; un infierno, añadió, “del que se habla poco en este tiempo” y que “existe y es eterno para quienes cierran su corazón al amor de Dios” [3].
No cabe duda de que históricamente el destino de lesbianas, gays, bisexuales (LGTB) y transexuales ha sido amargo: enviadas a la prisión como delincuentes, al psiquiátrico como enfermos mentales o al infierno como pecadores. No obstante, con el tiempo, esta situación ha ido cambiando. Hoy en día, en muchos países del mundo las personas LGTB ya no van a la prisión ni al psiquiátrico, aunque todavía no han conseguido liberarse de las llamas del infierno.
Lo hemos vuelto a ver y a escuchar recientemente. En su homilía del pasado Viernes Santo, retransmitida en directo por la televisión pública, el obispo de Alcalá de Henares, Juan Antonio Reig Pla, quiso dirigirse a “todas aquellas personas que hoy, llevadas por tantas ideologías, acaban por no orientar bien lo que es la sexualidad humana, piensan ya desde niños que tienen atracción hacia las parejas del mismo sexo, y a veces para comprobarlo se corrompen y se prostituyen. O van a clubs de hombres”, para decirles, de manera tajante, cruel e inmisericorde, que seguro que “encuentran el infierno”.
Sin duda, Benedicto XVI y Reig Pla están alienados en la misma dirección teológica conservadora, reaccionaria e insolidaria que resucita la doctrina del infierno religioso como castigo y amenaza, una de las ideas más temibles y hábilmente administradas que durante siglos sirvió para aterrorizar a la humanidad, creando innumerables pesadillas y perturbaciones. Por si fuera poco, las declaraciones del obispo Reig no se limitan al lenguaje de la amenaza, sino que además vinculan de manera inaceptable y torticera la homosexualidad con la prostitución, además de relacionarla con determinadas “ideologías” que desorientan y corrompen a las personas.
 Me temo, señor Reig Pla, que afortunadamente usted y yo no compartimos la misma idea y visión del infierno. Déjeme decirle a usted, y todos los que piensan como usted, que el infierno de gays, lesbianas, bisexuales y transexuales no es un infierno de azufre y llamaradas de fuego, como al que usted envía y condena a las personas LGTB por su condición sexual y afectiva.
Desgraciadamente, el infierno de muchos gays, lesbianas, bisexuales y transexuales consiste, entre otras situaciones que podrían recordarse, en la persecución diaria que sufren alrededor del mundo; en la marginación, los encarcelamientos, las torturas y los asesinatos extrajudiciales cometidos contra ellos; en el olvido flagrante de sus derechos humanos; consiste en la complicidad y el silencio de quienes callan o miran para otro lado; en los chistes populares e insultos que degradan y humillan; en el acoso escolar que tantos jóvenes LGTB sufren cotidianamente en nuestras escuelas e institutos; en la hipocresía de la Iglesia católica, una institución auténtica y estrictamente homosexual [4] que impide el sacerdocio a mujeres y homosexuales “en activo”, como ustedes dicen, pero que no tiene reparos, entre otras tropelías conocidas, en encubrir y dar cobijo a auténticos depredadores y abusadores sexuales que en ocasiones se esconden tras las sotanas.
Yo no sé, señor Reig Pla, si usted es homosexual o no, o si alguna vez se ha visto arrojado a alguno de los infiernos cotidianos y reales que he señalado. Tal vez le convendría descender del altar y pasar una temporada en alguno de ellos. Estos infiernos aluden una realidad social y a una forma de violencia muy específica, aunque para referirse a ella haya distintos nombres: homofobia [5], armario, discriminación, patriarcado heterosexista, heteronormatividad, entre otros. ¿Le suenan de algo?
 La Iglesia católica es una de las principales instituciones internacionales generadoras de homofobia y, por tanto, corresponsable de la persistencia de la misma. Le animo, señor Reig Pla, a que se aleje de ese infierno amenazante y castigador del que usted tanto sabe y luche, como tantos cristianos y cristianas de buena fe, por acabar con el infierno de la homofobia, la discriminación social y el machismo que usted y la institución a la que usted pertenece reproducen y promueven con total impunidad.
 Me temo que es como pedir peras al olmo. Al menos demuestre tener un mínimo de sensibilidad y atrévase a pedir perdón de forma pública (¿quizá en televisión?). Probablemente también sea pedir mucho. En cualquier caso, y sea como sea, espero y deseo ardientemente no encontrarlo nunca en el infierno.
 
 Notas

[1] La Biblia describe el sheol como un lugar de tinieblas, un abismo, foso o morada subterránea donde los espíritus malvados reciben su castigo.
[2] Juan Pablo II, “El infierno como rechazo definitivo de Dios”, audiencia del miércoles 28 de julio de 1999.
 [3] Homilía de Benedicto XVI del 25 de marzo de 2007 en su visita pastoral a la parroquia de Santa Felicidad e Hijos Mártires.
 [4] “Homosexual”, etimológicamente, significa del mismo sexo. La Iglesia es una institución en la que la estructura jerárquica y las funciones litúrgicas están reservadas y controladas exclusivamente por varones sacerdotes o futuros sacerdotes que pasan juntos buena parte de su tiempo y formación, compartiendo una disciplina y un particular estilo de vida (celibato, abstinencia sexual, etc.) que crea un ambiente propicio para que personas del mismo sexo se conozcan y entren en contacto.
[5] Por “homofobia” entiendo un fenómeno social y cultural que consiste en un conjunto persistente de actitudes y sentimientos irracionales de rechazo, miedo psicológico y social, hostilidad, vergüenza, intolerancia, odio y desprecio, entre otras percepciones negativas, de las personas homosexuales por el mero hecho de serlo. La homofobia, al igual que el racismo, el machismo o el clasismo social, se expresa a través de discursos, prácticas y relaciones sociales de opresión y dominación de unos grupos sobre otros. Estas relaciones, que pueden ir desde la violencia física hasta la violencia simbólica —humillación verbal, discriminación legal o ausencia de reconocimiento social, entre otras formas—, limitan la capacidad de las personas afectadas para desarrollar y expresar en contextos públicos determinados sentimientos, experiencias y pensamientos, habilidad necesaria para un autodesarrollo psicosocial satisfactorio. Su objetivo último, por tanto, es inferiorizar, anular socialmente y destrozar psicológica —e incluso físicamente— a quienes las sufren. Véase Aguiló, A. J., (2009), “Pensamiento abismal, diferenciación sexual desigual y homofobia eclesial”, Nómadas. Revista crítica de ciencias sociales y jurídicas, nº 23, págs. 5-26.

FUENTE: “Europa Laica”. Publicado el lunes, 16 de abril de 2012.

miércoles, 15 de agosto de 2012

¿QUE ES LA “SOCIEDAD DOCENTE”?



Sebastián Jans


Hasta hace algunas décadas, antes de que la educación fuera un producto más del mercado, la educación era un objetivo nacional. Hombres de mentalidad progresista, con una visión nacional bastante preclara, con una concepción específica sobre la educación como herramienta de conocimiento y esclarecimiento, debieron vencer los enormes impedimentos de la rémora colonial, que engordaba con los resabios prepotentes del opulento conservadurismo de su tiempo, dispuesta a oponerse a que las clases bajas accedieran a las virtudes que daba la educación y el saber.

Hay memorables antecedentes de parlamentarios conservadores de la segunda parte del siglo XIX y de la primera parte del siglo XX, exponiendo los planteamientos mas rotundos sobre los riesgos que implicaban que los hijos de los jornaleros y los inquilinos fueran  abstraídos de su “condición natural” por la subversión educativa. Muchos de esos personeros consideraban que la educación que aquellos necesitaban, bastaba con la que les entregaban los sacerdotes en sus parroquias o capillas, en torno a lo necesario para ser buenos siervos de la fe.

Hay también memorables planteamientos de personeros religiosos que rasgaron vestiduras ante la “pretensión laicista” de desarraigar a los pobres del camino que les había asignado Dios en la creación, imponiéndoles una peligrosa educación primaria obligatoria.

Todos ellos ponían pie firme en la ley, en la más imperturbable y solemne ley, para fundar sus declamaciones, y condenaban la ampliación al acceso a la enseñanza  por sus alcances claramente subversivos. No faltaron los conjuros impetrando la acción divina para alejar la demoniaca ralea que venía a traer tanta desgracia a una sociedad tan claramente determinada por los roles establecidos por la creación.

Pero, aquellos subversivos y contrarios a los determinismos, lograron concebir un concepto que tendría un enorme impacto en el desarrollo de Chile: el Estado Docente. Un proyecto con perspectiva de futuro, construido en la tolerancia y en el conocimiento humano. Cuando habían muy pocos recursos, cuando había tantísimo por hacer, cuando había que luchar con opositores formidables (la clase poseedora y los clérigos), fueron capaces de concebir un concepto de enorme trascendencia para el acceso de Chile a la modernidad, a la libertad de conciencia, al librepensamiento, a la democracia, a la movilidad social, a un estadio de desarrollo cultural y educacional que llegó a ser un referente en América Latina, por muchas décadas, aún con sus enormes carencias.

Ese concepto fue el “Estado Docente”. Cierto que tuvo limitaciones, que tuvo incapacidades, que provocó insatisfacciones. Pero nadie podía llamarse a equívocos respecto de su carácter y objetivos. Se trataba simplemente de que, el Estado, asumiera la obligación de educar a los chilenos, sin otro objetivo e interés que los logros académicos y los objetivos nacionales planteados en bien exclusivo del país y de su pueblo. Con esa decisión y voluntad se beneficiaban los educandos, con la adquisición del conocimiento y su crecimiento personal; se beneficiaban las familias, porque aseguraban los logros de su progreso o adquirían la posibilidad cierta de la movilidad social; se beneficiaba el país, al lograr chilenos mejor preparados para los desafíos del desarrollo y la planificación nacional; se construía una cultura, una sociabilidad y una idea nacional.

Su naturaleza estuvo centrada en su carácter público, gratuito y laico. Desde luego, no fue excluyente, ya que posibilitó una educación particular como colaboradora, para aquellos que preferían mantener sus identidades específicas o para que los más ricos tuvieran donde educar a sus hijos, cuando fracasaban en la educación pública.

Todo ese esfuerzo se sostuvo académicamente en la formación de educadores, a través de las Escuelas Normales, que formaron miles de profesores, y que debe reconocérseles la condición de “alma mater” de la educación chilena, y que solo desaparecieron cuando el dogmatismo y las exclusiones vinieron a imponerse, para provocar cambios ideológicos y partidistas, en la medida que lograron hacerse políticamente del Ministerio de Educación, el gran bocado para imponer su particular  modelo de sociedad.

Ese enorme proyecto educacional, definitivamente, no ha podido ser hasta ahora emulado ni sustituido en su alcance, magnitud, y coherencia, por ninguna de las reformas y cambios propiciados por las políticas que se impulsaron desde los años 1960 en adelante. Y todo lo obrado parece que estuvo orientado a demolerlo.

Lo que seguiría después, cuando el Estado Docente fue abolido, sería la desaparición de todo concepto específico de proyecto o plan nacional de educación. O simplemente el plan o proyecto fue que no hubiese plan o proyecto. Y quienes esperaban fagocitarse de las posibilidades que daba un mercado abierto, donde había miles y hasta millones de consumidores, clientes o potenciales deudores, encontraron campo llano para su iniciativa y emprendimiento.

Pero, no se trataba solo de negocio, pues, quienes socavaron y destruyeron el Estado Docente, lo hicieron también con claros propósitos políticos e ideológicos, y con definidos tintes de determinismo, que no podían ser concebidos e implementados en un sistema de educación pública, gratuita y laica.

Lo que muestra la realidad posterior es el motivo actual de un gran repudio nacional, y que los estudiantes, desde el año pasado, han venido denunciando ante la conciencia ciudadana. Así, ha quedado en evidencia que la educación se transformó en un simple objetivo de lucro, en una industria que permite el emprendimiento en la magnitud de cada uno de sus inversores. Es un producto más que se transa en distintas calidades, según la capacidad de pago del consumidor, que, así como puede pagar la calidad de sus zapatos según su ingreso, de la misma manera, según el ingreso familiar, cada cual puede costear la educación que esté a su alcance.

 La denuncia del movimiento estudiantil, desnudando el perverso sistema que segrega según ingreso y origen social, dejó en evidencia el trasfondo esencialmente mercantil del modelo que ha imperado. Los estudiantes lo han desnudado en su esencia con ideas y claros contenidos críticos que han sido asumidos por la ciudadanía.

Ante ello, quienes sostienen el modelo, se han dado cuenta que, lo que fue impuesto con el arbitrio dictatorial, y que es protegido por las redes fácticas y el binominal sistema electoral, ni siquiera tiene un contenido o relato, una formulación de ideas que lo justifique ante la conciencia nacional. Sobre todo cuando los conceptos que formulara la dictadura de Pinochet, al demoler la educación pública, ya no son argumentos decentes ni morales, más aun cuando muchos de sus vinculados exhiben el ímprobo resultado de su emprendimiento en el negocio de vender ese tan repudiado modelo de educación.

Ante esa falencia se ha comenzado a esbozar un concepto de “sociedad docente”, que lejos de definir un proyecto de educación, pareciera que lo que trata es salvar ideológicamente un modelo aplicado sobre la base de la sobreposición de los intereses de quienes lucran con él, y de quienes fácticamente han obtenido o recuperado primacías, a costa de seguir generando y reproduciendo chilenos de distinta clases según su ingreso y origen social.

Sin embargo, el pragmatismo de quienes defienden el modelo, al punto de señalar, como hace un siglo o más, que lo que corresponde es solo aplicar la ley, indica que el destino del concepto de “sociedad docente” está solo en la constatación de la simple consigna, y que es incapaz de proponer una idea cierta de nuevo tipo. Parece que, inevitablemente, llegó tarde al concurso de la discusión de las grandes ideas nacionales, porque la realidad de los intereses comprometidos es tan desnuda que no se da tiempo para lenguajear el futuro. Y para lenguajear, para construir ideas y conceptos, se requiere una perspectiva de futuro.

miércoles, 9 de mayo de 2012

PROYECTO DE AJUSTE TRIBUTARIO

(O una nueva vuelta de tuerca a favor de la Enseñanza Particular Pagada) GONZALO HERRERA
Una de las principales demandas del movimiento estudiantil iniciado en 2011 es la de educación superior pública y gratuita para todos. La respuesta del gobierno respecto a la gratuidad ha sido persistentemente negativa, argumentando que ello constituiría un subsidio de los pobres a los ricos y que por lo tanto establecería una política regresiva. El tema es motivo de debate entre los especialistas, sin embargo no ha sido óbice para que en el proyecto de ley de ajuste tributario enviado por el ejecutivo a la Cámara Baja, una de las ideas propuestas sea precisamente la devolución parcial, vía descuento en el impuesto a la renta, del gasto en educación preescolar y escolar en que incurren quienes ganan entre $ 534.000 y alrededor de $ 1.450.000 (66 UF) al mes. La iniciativa es presentada como un apoyo a las “familias de clase media”, sin embargo deja fuera del beneficio a los deciles III, IV y V de la población, que conforman el sector más esforzado de la clase media chilena, asumiendo que sus hijos van a escuelas gratuitas del sector municipalizado y, por otro lado, sí incluye al IX decil, el segundo de más altos ingresos per cápita. Esta falta de sintonía en la focalización de incentivos para beneficiar a quienes más lo necesitan podría transformarse así en una ley con carácter verdaderamente regresivo, considerando que no favorece a los sectores más pobres ni constituye impacto alguno en la distribución del ingreso. Lo más grave de este proyecto de ley es que promueve aún más la segregación social que caracteriza el sistema escolar, incentivando a que los segmentos de ingresos medios continúen trasladando a sus hijos de establecimientos municipalizados a particulares subvencionados, y, a partir de ahora, a colegios privados pagados que den garantía de “mejores puntajes”, en la dura competencia individual por acceder en mejores condiciones a la educación superior. El aporte fiscal –dinero de todos los chilenos– que en la actualidad beneficia sólo a la educación pública solidaria y a la particular subvencionada, se extenderá, según el objetivo del proyecto de ley, a los sostenedores privados, con lo que se busca afianzar el concepto de educación estructurada en intereses mercantiles y de clases. Habiéndose resuelto el financiamiento de la educación de los cinco deciles de más altos ingresos –los que pagan impuesto a la renta–, ¿qué urgencia habrá en mejorar la educación estatal-municipal, la única a la que pueden acceder los pobres? Una consulta ciudadana realizada en 2011 por Educación 2020, recogió el sentir del 63% de los encuestados en el sentido que si tuvieran que optar entre dos establecimientos de igual calidad educativa, uno público y otro privado, preferirían el primero. Los que elegirían decididamente un colegio privado llegaron al 24%. La cuestión nos lleva a un tema puesto en la agenda nacional con mucha energía por el movimiento estudiantil y que la mayor parte de la prensa establecida ha preferido callar: el de la educación pública y gratuita –con sus actuales malos resultados y progresivo abandono por parte del Estado–, y el rol que debería jugar en el país en su actual etapa de desarrollo. También países como España, Francia y E.E.U.U., con opinión pública alerta e informada, debaten intensamente por demandas sectoriales de vouchers (aporte fiscal para el pago en escuelas privadas), en el marco de una contundente ofensiva de partidos políticos de derecha e intereses religiosos para debilitar la educación entendida como bien social y tender a su privatización. Detrás de las posturas reticentes del gobierno para comprometerse con la educación pública (y de las medidas subliminales para consolidar la educación privada como el actual proyecto de reforma tributaria) está presente sin duda la ideología neoliberal, aquella que expresara el presidente Piñera (y que luego se intentara explicar casi como un lapsus linguae), al decir que la educación es un bien de consumo, por lo tanto susceptible de ser valuada en términos monetarios. Ni más ni menos que lo que se hace con algunas universidades privadas –supuestamente sin fines de lucro– que se transan abiertamente en el mercado. En el caso del sistema educativo escolar y preescolar esto se evidencia en el hecho que la calidad que reciben los niños mayoritariamente deja de ser responsabilidad del Estado para depender de la capacidad de pago de los padres. Según un informe de la OCDE, Chile es el país miembro con mayor gasto privado en educación en todos sus niveles (pago de aranceles y copago de financiamiento compartido). A contrario sensu, el soporte y supervisión técnica pedagógica que ejerce el Ministerio de Educación en los establecimientos municipalizados son ínfimos, y derechamente inexistentes en las escuelas particulares subvencionadas. El modelo educativo que exhibió el país durante el siglo XX hasta su truncamiento por las reformas neoliberales impuestas en los años 80, constituye la antítesis de esta realidad. Basado en un inequívoco y fundamental rol del Estado, consagrado en la Constitución Política de 1925, proporcionó una educación gratuita que satisfizo a los estratos medios emergentes y a la cual fueron accediendo progresivamente los sectores populares, ubicándose entre las mejores de América Latina. La gran tarea que tenemos como nación es hacer del derecho a la educación algo mucho más trascendente que la mera “libertad de enseñanza” establecida en la Constitución Política y en la Ley Orgánica Constitucional de Enseñanza (LOCE), que no hiciera sino consagrar el derecho a abrir y mantener establecimientos educacionales para hacer de ellos un negocio. La educación pública para el siglo XXI, restituida en su dignidad como función primordial del Estado, deberá tender explícitamente al bien común y a la integración social, a fortalecer el principio de igualdad de oportunidades y a facilitar el pleno desarrollo de las facultades individuales de niños y niñas, sin consideración sobre la religión, raza, origen social o posición económica de los padres o apoderados. Deberá ser ese espacio público intercultural, formador tanto de ciudadanos responsables, participativos y críticos, como de individuos con las debidas competencias sociales, susceptibles de desarrollar procesos colectivos para el crecimiento solidario del país. Una educación pública democrática, laica y humanista se constituiría así en la forma más eficiente para distribuir, en el mediano y largo plazo, la riqueza y el poder entre los ciudadanos.

domingo, 11 de marzo de 2012

A PROPÓSITO DEL DÍA INTERNACIONAL DE LA MUJER 2012.



Sebastián Jans


El pasado jueves 8 de marzo, un grupo de organizaciones femeninas laicas se reunieron para realizar la conmemoración del Día Internacional de la Mujer, que servía también de marco para dar inicio a sus actividades anuales. En el desarrollo del solemne acto, pude expresar algunas ideas, para reconocer que, lejos de glamour que el comercio le ha dado a este día, se trata de una jornada de lucha por los derechos de la mujer.
Ello motiva a hacer una revisión de la historia de los avances de las conquistas en los derechos de la mujer en nuestro país.
Hace 168 años, el padre del laicismo chileno, Francisco Bilbao, en su “Sociabilidad Chilena”, denunciaba el peso de las herencias de la Colonia Española, señalando la condición de esclavitud de la mujer frente al marido, y afirmaba que la desigualdad matrimonial era uno de los puntos más atrasados en la elaboración que habían sufrido las costumbres y las leyes.
Veinticinco años después de Bilbao, Martina Barros de Orrego publicaba la traducción de la obra de Stuart Mill “La Esclavitud de la Mujer” (1869). Sobrina del liberal intelectual Diego Barros Arana, irrumpió con su ímpetu mesocrático para proponer la igualdad de la mujer frente a los derechos de los hombres, estableciendo uno de los primeros hitos en las luchas emancipatorias de la mujer en Chile.
Ocho años después, en 1877, Isabel Le Brun lograría a contrapelo conquistar el derecho de acceder a estudios universitarios, luego de una ardua pugna contra un sistema que no concebía el interés de una mujer, destinada a manejar la casa y cumplir roles solo en la familia, para lograr una formación profesional. Era temerario, considerando que las mujeres aún no tenían derecho a decidir sobre sus bienes, y cuando aún las jerarquías religiosas no consideraban a la mujer con derechos propios, negándoles incluso la calidad para poseer la comprensión teológica del alma.
Apenas 10 años después, la obrera Micaela Cáceres, buscaba demostrar que las mujeres trabajadoras también tenían derechos laborales, cuando los obreros recién comenzaban a inscribir sus demandas en el mundo laboral. Luego, aparecen los nombres de las obreras Clotilde Abaceta y Eloísa Zurita, planteando el derecho al divorcio y a la igualdad legal de todos los hijos, independientemente de la condición en que se produjera su gestación y nacimiento. Eloísa sería una destacad protagonista chilena del Congreso Mundial de Librepensadoras.
Muchas mujeres librepensadoras de extracción humilde, siguieron su ejemplo, promoviendo la emancipación de la mujer y su derecho a la educación, en medio de las organizaciones obreras.
A partir de 1905, un grupo de mujeres de clase media, publican el periódico “La Alborada”, que bajo la dirección de Carmela Jeria, se transformará en el primer medio impreso de carácter feminista en Chile.
Hacia 1913 aparecen en la zona salitrera los Centros Belén de Zárraga, que agruparán a mujeres librepensadoras, que promueven la superación de la opresión de la mujer, por parte del sistema capitalista, con apoyo del Partido Obrero Socialista.
Por esos mismos días, mujeres de clase alta forman el Círculo de Lectura, y luego dan vida al Club de Señoras, como una forma de igualar los avances en las reivindicaciones femeninas de las mujeres de clase media, sector en que ya había varias profesionales.
Ese impulso promovido bajo la inspiración de una visión librepensadora e ilustrada, será determinante para la aparición de la figura de Amanda Pinto Sepúlveda, que entrará en la historia de Chile con el nombre de Amanda Labarca. Su reivindicación de los derechos de la mujer, a partir de 1919, la llevarán a fundar junto a Celinda Reyes el Consejo Nacional de Mujeres, inicio de un esfuerzo muy importante por la instauración de los derechos de femeninos en la legislación chilena.
Por esos años ya se instala la demanda por el derecho a voto. Eso permite la confluencia de distintos grupos, que forman el Partido Cívico Femenino.
En 1935, se constituye el MEMCH (Movimiento de la Emancipación de la Mujer), que desarrollará un conjunto de reivindicaciones políticas, vinculadas con el movimiento social de la época, emprendiendo campañas contra la pobreza, las alzas de precios, la exigencia de métodos anticonceptivos y el derecho al aborto para las mujeres en condición de desamparo.
A fines de los años 1940, se establece el voto universal, que incorpora a las mujeres a las decisiones electorales, de manera muy reducida aún, pero con un creciente protagonismo. Parte importante de las mujeres chilenas no pudieron sufragar por no saber leer ni escribir. Poco a poco comienzan a aparecer las primeras mujeres en cargo de representación, que durante las décadas siguientes seguirán siendo un porcentaje aún muy pequeño.
Los años 1960, serán años de protagonismo ascendente, a través de diversas organizaciones de mujeres, muchas promovidas a través de políticas paternalistas. Cuando se entronizó la dictadura, en 1973, las mujeres comenzaron a ser protagonistas importantes en las luchas por los derechos humanos y las demandas femeninas. A partir de ese momento, se manera ascendente, el 8 de marzo – Día Internacional de la Mujer -, se transforma en una de las jornadas más importantes del año en las movilizaciones sociales.
En 1995, una delegación de mujeres chilena participa en la Cuarta Conferencia Mundial de Beijing, y mayoritariamente adhieren a una hoja de ruta para abordar las problemáticas y los derechos de la mujer.
Hace 6 años, Chile elegía su primera Presidenta de la República. Sin embargo, aún hay poca participación de mujeres en cargos públicos y de representación.
Y no solo es eso. Aún las mujeres, en cargos laborales similares, ganan menos que los hombres. Aún hay una propensión a minusvalorar el rol de las mujeres en el mundo del trabajo. Es un tema cultural complejo, que arrastra costumbres y comprensiones de naturaleza conservadora. Esperamos que Chile siga avanzando hacia nuevos y grandes logros en los derechos femeninos.